Monday, April 12, 2010

Little Green Men


No le gusta esta ciudad y, sin embargo, no se atreve a marcharse. Parece que todas las ciudades sean la misma, una gran carretera, un paso de zebra, un camión blanco como un elefante. No hay que pensar en el elefante blanco.

Camina camino a casa, el caminante no hace camino al andar. Inmediatamente se convierte en algo ajeno a la ciudad, un extraño extraído de allá donde debiera estar, protegido por algo, un coche, un edificio, una oficina, algo. Y yo, yo camino.

Va sola y pega el sol. Piensa en lo de moda que están los melanomas y también se le ocurre que sería un buen nombre para un grupo de rock. Los melanomas. Toma. Toma melanoma. Pero hoy en día, quién escucha rock. Aprieta el botón, ése que también está tan de moda en todos los semáforos de la costa oeste --aunque puede que éste sea ya un fenómeno mundial-- y se para a esperar a que el muñequito cambie de color. Los hombrecitos aquí no son verdes, todo está descolorido a golpe de calor, los hombrecitos californianos que día a día desafían al melanoma son más bien tirando a blanco elefante.

Pita el semáforo para los ciegos (Inciso: jamás he visto un ciego caminando por la calle en California) (Jamás hay más de tres personas a la vista caminando en California, pero eso es condición de vivir en el desierto) (Si estas personas fueran, además, ciegas, jamás se verían) (Pero yo no soy ciega --creo-- y jamás he visto un ciego en el sur de California) (Jamás suena a jamón. Fin del inciso) Cruza la calle sufriendo por el melanoma y por la exposición social, total outcast, what's that girl doing out, where's her car?

Siempre ha tenido la manía de mirar dentro de las cosas, los coches, las casas... hay un edificio también blanco a la derecha, es una especie de urbanización, unos pisos que suelen alquilar estudiantes y jardineros mexicanos pobres con niños a los que visten con pantalón de chandal rosa, calcetines blancos y flip flops. Con el pelo negro largo, despeinado, a media cola de caballo, siempre se los ve jugando al otro lado de la verja. Hay muchas verjas en el desierto de California, nunca se sabe quién va a querer entrar.

Camina rápido fingiendo que sabe a donde va, alguien le dijo que sólo así evitaría a los violadores o secuestradores, vampiros, caníbales, criminales varios que rondan al acecho por estos lares tan soleados del ghetto donde vive. Un ghetto curiosamente universitario. Al otro lado de la verja, fija su mirada en un viejo que la mira aferrado a los barrotes, con boina y bastón. Typical Spanish. Yo creo que es mi abuelo y sostengo la mirada, hasta el punto de afirmar que sí, se trata de él, aunque murió hace ya un año. Sigo caminando, paso de largo: cosas más raras se han visto al sur de California.

A.